Cortesia del Ministerio En Contacto:

El don de dar

CITA: Lucas 12:22-35

22Luego dijo Jesús a sus discípulos: --Por eso les digo: No se preocupen por su vida, qué comerán; ni por su cuerpo, con qué se vestirán.

23La vida tiene más valor que la comida, y el cuerpo más que la ropa.

24Fíjense en los cuervos: no siembran ni cosechan, ni tienen almacén ni granero; sin embargo, Dios los alimenta. ¡Cuánto más valen ustedes que las aves!

25¿Quién de ustedes, por mucho que se preocupe, puede añadir una sola hora al curso de su vida?*

26Ya que no pueden hacer algo tan insignificante, ¿por qué se preocupan por lo demás?

27"Fíjense cómo crecen los lirios. No trabajan ni hilan; sin embargo, les digo que ni siquiera Salomón, con todo su esplendor, se vestía como uno de ellos.

28Si así viste Dios a la hierba que hoy está en el campo y mañana es arrojada al horno, ¡cuánto más hará por ustedes, gente de poca fe!

29Así que no se afanen por lo que han de comer o beber; dejen de atormentarse.

30El mundo pagano anda tras todas estas cosas, pero el Padre sabe que ustedes las necesitan.

31Ustedes, por el contrario, busquen el reino de Dios, y estas cosas les serán añadidas.

32"No tengan miedo, mi rebaño pequeño, porque es la buena voluntad del Padre darles el reino.

33Vendan sus bienes y den a los pobres. Provéanse de bolsas que no se desgasten; acumulen un tesoro inagotable en el cielo, donde no hay ladrón que aceche ni polilla que destruya.

34Pues donde tengan ustedes su tesoro, allí estará también su corazón.

35"Manténganse listos, con la ropa bien ajustada* y la luz encendida.

------*------

El don de dar

Dios da siempre a la iglesia local personas con talentos espirituales para ministrar y servir. Todos nosotros caemos en esa categoría. Si ponemos en acción los dones que Dios nos ha dado, nos veremos grandemente motivados para ayudar a otros. ¿Qué características acompañan al don de dar?

Primero, creemos que el Señor decide quién necesita ayuda, y nosotros nos deleitamos en descubrir dónde quiere Él usarnos para responder las oraciones. El reconocimiento de los demás no es necesario; dar en secreto nos satisface.

Segundo, sabremos identificar los recursos, aun aquellos que antes habían sido ignorados. Anhelamos tener un prudente manejo de los recursos para sacarle el mayor uso a las contribuciones dadas para la obra del Señor. Nos gusta dar con cautela, tratando de asegurarnos de que nuestro plan se ajuste al de Dios. Contemplamos pedir recursos, pero no nos sentiremos presionados en cuanto a las donaciones, porque Dios dirige lo que hacemos. También practicamos la frugalidad y compartimos las cosas que ya no usamos.

Por último, ya que reconocemos que todos nuestros recursos, ya sean muchos o pocos, pertenecen a Dios, nos sentimos satisfechos de obedecer al Señor y de darlos. Esta actitud nos protege de la corruptora mentalidad egoísta y del malestar por el cuánto nos pide el Señor que demos. Nos lleva a diezmar fielmente y a evitar las deudas innecesarias. Para obedecer a Dios, rara vez dudamos en hacer sacrificios.

Quizás la generosidad no sea su fuerte. Dios dispuso que quienes tienen el don de dar fueran modelos a imitar por la iglesia.